Tomando como punto de partida la pieza de Erick Meyenberg en neón La humanidad no avanza, ni siquiera existe, empezamos a hablar del vacío y lo repleto que está el mundo y la humanidad de esas oquedades.
La idea de la humanidad en continuo desarrollo queda vacía, carente de significado, ante el inminente colapso de los estatutos de progreso que prometía la modernidad. Meyenberg utiliza la frase del filósofo Friedrich Nietzsche para evidenciar esta sensación de vacío, esta patente no-existencia, producto del enfrentamiento de nuestras libertades personales cuando son medidas y conceptualizadas con esa idea de tiempo continuo y en constante desarrollo de la modernidad. El texto, emplazado así en el espacio, deviene una escultura que enmarca un lugar, en donde el vacío existente juega un papel metafórico fundamental, diluyendo las fronteras entre las ideas de la frase y las condiciones físicas de su emplazamiento.
El concepto de crisis ha permeado cada vez más en la sociedad actual. Los vacíos existentes en lo que alguna vez fueron las bases del capitalismo se han dejado ver. En la obra de Emilio Chapela se refleja el porcentaje y la estadística de la recurrencia de búsqueda de dicho concepto en Google, observando cómo en diferentes sociedades estas búsquedas y la curiosidad por su significado pueden variar de manera notoria. Formalmente esos cuadrados generan un vacío, que más allá de esa lectura reflejan vacíos repletos de conceptos que cobran interés gracias a la coyuntura de cambios e inestabilidades de los modelos en los que opera la humanidad.
Relacionados con sus obras Risk Paintings o Pinturas de riesgo, Gustavo Artigas presenta seis dibujos de la serie Colour Risk (Graphite). Artigas examina la toxicidad de los materiales usados en procesos creativos del art; esta vez muestra al grafito como medio para representar el daño biológico que podría producir; jugando con la sencillez del positivo y negativo, el texto generado parte del vacío del material que irónicamente habla de sí mismo y sus riesgos.
Rodrigo Suárez, a través de la intervención de su fotografía Wall, presenta una escena en la cual dialoga la belleza entre lo urbano y lo natural. Observamos el reflejo o las sombras de un árbol que se vacían en la superficie de una pared graffiteada. Suárez se percibe como un viajero del vacío que mediante la transmutación de obras ya hechas e intervenidas propicia una regeneración y relectura de sus propias piezas.
Por último encontramos las obras de Fidel Figueroa, que se vuelcan en nuestra mirada como garabatos magnificados, trazos sin rumbo, que se apropian de las paredes.
Esta exposición se refiere a la dualidad entre lo repleto y lo vacío o lo repleto del vacío, donde la figura y el fondo se van mezclando con las interpretaciones de las obras de cada uno de los artistas.
Caja Blanca
México, D.F. noviembre de 2011
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